Mascotas, afecto y bienestar: qué dice la ciencia sobre la relación entre humanos, perros y gatos
El vínculo afectivo con perros y gatos no afecta su bienestar cuando existe manejo responsable, según estudios y consensos veterinarios internacionales
En los últimos años, el vínculo entre personas y mascotas se volvió cada vez más cercano y visible en la vida urbana. Perros y gatos ocupan un lugar central en los hogares, reciben más cuidados y forman parte de la rutina diaria. Frente a este cambio, algunas miradas desactualizadas sostienen que tratar a las mascotas como “perrihijos” o “gathijos” representa un problema para su bienestar. Sin embargo, investigaciones científicas y consensos veterinarios desarrollados en distintos países muestran que ese enfoque confunde afecto con malas prácticas de manejo.
Estudios realizados por facultades de medicina veterinaria de universidades como Cornell University, ubicada en el estado de Nueva York (Estados Unidos) o la University of Bristol, en Inglaterra, coinciden en un punto central: el bienestar de perros y gatos no depende del grado de cercanía emocional con las personas, sino de cómo ese vínculo se traduce en cuidados diarios concretos.
“Perrihijo” y “gathijo”: una expresión afectiva, no una lectura literal
Expresiones como perrihijo o gathijo forman parte del lenguaje cotidiano con el que muchas personas expresan cariño hacia sus mascotas. Se trata de hipérboles afectivas o formas simbólicas de nombrar un vínculo, no de descripciones literales ni de intentos de equiparar a un animal con un humano.
Tomar estas expresiones al pie de la letra y usarlas como argumento para cuestionar el cuidado de las mascotas supone una lectura forzada. Desde el punto de vista del bienestar animal, lo relevante no es cómo se las nombra, sino cómo se las cuida en la práctica diaria.
Desde universidades y colegios veterinarios de Estados Unidos y Europa explican que el bienestar animal no se evalúa por cómo se nombra a una mascota, sino por condiciones observables y medibles: alimentación adecuada, actividad física regular, estímulos diarios, descanso y controles de salud.
En ese sentido, resulta claro que el uso de un término afectivo no determina ni perjudica la calidad de vida de un animal.
Domesticación y convivencia: lo que muestran los estudios
Perros y gatos no son animales silvestres. Son especies domesticadas que convivieron con humanos durante miles de años. Investigaciones históricas y genéticas realizadas en universidades de Estados Unidos y Europa documentan este proceso de adaptación, que permitió a ambas especies desarrollarse en entornos humanos, incluidos los urbanos.
Por ese motivo, la ciencia veterinaria descarta la idea de que el bienestar de una mascota dependa de “volver a la naturaleza”. En la actualidad, la calidad de vida se define por acceso a cuidados médicos, alimentación equilibrada, prevención de enfermedades y estabilidad en el entorno donde viven.
Uno de los consensos más claros en la veterinaria actual es la diferencia entre afecto y manejo. Problemas como obesidad, ansiedad o sedentarismo no se explican por “exceso de cariño”, sino por rutinas mal organizadas y decisiones incorrectas en la vida diaria.
Guías elaboradas por organizaciones como la American Veterinary Medical Association, con sede en Estados Unidos, y la World Small Animal Veterinary Association, una entidad internacional que agrupa asociaciones veterinarias de más de 100 países, coinciden en que el afecto no enferma a las mascotas. Los factores de riesgo más frecuentes son el exceso de comida, la falta de actividad física y la ausencia de límites claros.
El aumento de peso en perros y gatos tiene causas concretas y ampliamente documentadas: dietas desequilibradas, porciones excesivas y bajo nivel de actividad. La veterinaria moderna es clara en este punto: no se trata de “humanización”, sino de manejo cotidiano.
Cuando una mascota tiene una dieta equilibrada, horarios definidos, juegos frecuentes y actividad acorde a su edad y estado físico, el riesgo de obesidad disminuye de forma significativa. El problema no es querer demasiado a una mascota, sino no acompañar ese cariño con constancia y control.

Vestimenta y cuidados: depende del contexto
El uso de ropa en perros, otro de los temas que suele generar debate, tampoco es considerado un problema en sí mismo por la ciencia veterinaria. Profesionales de universidades y asociaciones veterinarias coinciden en que su impacto depende de factores concretos como clima, raza, edad y estado de salud.
El criterio es simple: si el animal se mueve con normalidad, regula su temperatura corporal, juega, descansa y no muestra signos de estrés, la vestimenta no afecta su bienestar.
Por eso, la ciencia no identifica al cariño como un problema. Identifica la falta de información, de rutinas claras y de manejo responsable como los verdaderos factores de riesgo.
Integrar a las mascotas a la vida familiar no contradice su bienestar. La diferencia no está en cómo se las nombra ni en cuánto afecto reciben, sino en cómo ese afecto se traduce en alimentación adecuada, movimiento, estimulación y cuidados sostenidos en el tiempo.